Eterna viajera

Santiago de Chile: yo te invito a carretear.

Santiago de Chile. 5-10 de Noviembre 2016. 25 grados, solazo.

No, no me he vuelto loca con el título de este post, simplemente es un homenaje a una canción de mi querido Ismael Serrano que ya me encantaba antes de visitar Santiago y no me he podido quitar de la cabeza ni durante ni después de nuestra visita a esta única ciudad.

No será la ciudad más bonita, ni la más marchosa, ni la mas barata, ni la más ordenada, ni la más limpia… pero a mi me enamoró con todas sus imperfecciones. Y eso que, por motivos varios que ahora no vienen al caso no es que durante esos días estuviésemos en nuestro máximo esplendor viajero ni con ganas de visitar ni pasear en demasía.

Calles de Santiago

Nada más salir de la terminal de buses central de Santiago nos dimos de bruces con una marabunta de gente caminando hacía todos lados, mucho caos típico de una gran ciudad (que podría haber sido hasta europea), vendedores de todo tipo de cosas: desde agua fresca, hasta “mote con huesillo” (bebida típica chilena demasiado dulce para mi gusto a base de melocotón en almíbar), pasando por pinchos morunos cocinados con un camping gas en un carro de la compra. Pensé: “aquí empieza la verdadera Sudamérica de vida en la calle”. Pobre de mí, no tenía idea de lo que me esperaba en otros países como Bolivia.

Nos montamos en el metro y todo seguía pareciendo muy europeo, con cierto toque chileno,claro. Hasta cuando llegamos a casa de Sebas, nuestro CS, un abogado a el que sus “papás” le habían regalado un apartamento en el centro cuando empezó la carrera, todo seguía siendo súper fácil.

Sebas preparando un rico asado.

Eso sí, hacía un calor abrasador que junto a la contaminación de la enorme ciudad atrapada entre montañas se hacía insoportable. Menos mal que Sebas nos llevó al súper, dónde comprobamos con alegría que todo era más barato que en la vecina Argentina, compramos unas “chelas” (cervezas) y pasamos toda la noche departiendo sobre temas varios. Otra cosa no, pero a los chilenos, como a la mayoría de los españoles les encanta charlar. Y a mi charlar con ellos, especialmente por ese acento cantarín que tienen tan característico y que me encanta. Pasamos un finde genial de tranquileo con Sebas que hasta nos invitó a un rico asado cocinado por él en una parrila situada en su propia terraza, lo cual es de lo más normal el Chile por lo visto. Aprendimos muchas cosas de la nueva ciudad, entre otras que Santiago es, junto a Tokyo en Japón una de las ciudades del mundo con mayor índice de terremotos, y que todos los edificios están preparados para ello, especialmente los más altos. Un amigo que vive en un piso 12 unos días después nos dijo: “yo por un terremoto menor de 7 grados no muevo ni la raja”. Increíble lo acostumbrada que está esta gente a este tipo de fenómenos.

El famoso palacio de la moneda con sus trabajadores protestando delante.

Este amigo era Cristian, que nos acogió en su casa otros tantos días que sirvieron para disfrutar de animadas charlas y cenas con él, descansar mucho e incluso acudir a una fiesta privada organizada en su terraza con impresionantes vistas a la enorme urbe que es Santiago. También nos llevó a pasear por el barrio Lastarria, uno de los más bohemios de la ciudad, y nos contó muchas curiosidades sobre el estilo de vida chileno: entre ellas la enorme brecha social existente, la privatización de casi todos los servicios mínimos y los problemas que tienen para poder cobrar una jubilación justa.

Como no queríamos comernos mucho la cabeza, hicimos el famoso “free tour” que se puede encontrar en todas las ciudades grandes y que la verdad es una muy buena forma de quitarte de un plumazo todas las principales atracciones de la ciudad: el palacio de la moneda, la casa de Pablo Neruda etc… Sin embargo, si me tengo que quedar con un lugar turístico de Santiago elegiría uno que visitamos por nuestra cuenta: el museo de arte precolombino, uno de los más completos de Sudamérica. El museo está muy bien planteado realizando un recorrido cronológico por todas las culturas precolombinas que habitaron este vasto territorio, suponiendo un interesante acercamiento a ciertas tribus y partes de la historia quizás no muy conocidas por la mayoría. Recomiendo sin duda su visita, con tiempo si pasas por Santiago. Cierto es, que no pudimos visitar ninguno de los museos públicos ya que nos encontramos con huelgas y fuertes protestas por una subida de sueldo a los funcionarios chilenos, por lo que no podemos comparar.

Arte urbano con mensaje en Santiago.

Como punto final a este post os dejo, como no podría ser de otra manera, con Ismael.

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