Eterna viajera

Córdoba y Mendoza: descubriendo el interior de un gran país.

Córdoba y Mendoza. Argentina, 27 Octubre – 5 Noviembre 2016. Soleado, 23 grados.

Córdoba: un remanso de paz.

No se me ocurre mejor manera de empezar este post  que con un enorme agradecimiento a dos excelentes personas y tres simpáticos chuchos que nos acogieron en su casa como si fuéramos familia. ¡Gracias Moni, Santi, Lili, Mendi y Chuck! Este post es por y para vosotros.

Llegamos a la Córdoba argentina (que ya sólo por el nombre pensamos merecía una visita) en avión desde Iguazú. Aunque parezca paradójico, volar era mucho más rápido y barato que el largo camino en omnibús así que no nos lo pensamos. Nos dejamos caer en este lugar gracias a la invitación de Moni, una chica argentina a la que habíamos hospedado a través de CS en Liverpool cuatro años atrás. En aquel momento ella era casi una desconocida y ahora  es una gran amiga, que nos recibió en el aeropuerto con los brazos abiertos. ¡Que gusto da saber que alguien te está esperando tras la puerta de salidas!

Con Moni en el río felices como perdices.

Tras unos 40 minutos en el “auto” sin parar de charlar (¡que raro eh!) llegamos al pequeño pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme para no darle publicidad y que deje de ser tan especial (ejem!) dónde Moni vive con su novio Santi y sus tres simpáticos amigos caninos. Fueron cinco días de mucha calma y desconexión (¡sin internet!) : paseos y atardeceres al lado del río, ricos baños en agua fresquita, mañanas de largos desayunos y charlas filosóficas, tardes y noches de asado, cervezas y más charla… ¡En eso los argentinos y los españoles somos expertos: comer, beber y mover la sinhueso! Por suerte fueron unos días primaverales de mucho calor, lo que acompañaba perfectamente al marco incomparable dónde se situaba la casa de Moni y Santi. Los días con esta encantadora pareja se pasaron volando. Ambos respiran por todos lo poros calma, paz y un buen rollo desbordante.

Compartiendo un rico asado argentino.

También tuvimos la oportunidad de visitar el cercano pueblo de Altagracia, conocido por su manzana jesuítica muy bien conservada Patrimonio de la Humanidad que bien vale una visita, y por el museo del Che. Parece ser que este recontraconocido personaje argentino pasó su niñez en este seco pueblo para curarse de sus problemas de asma. ¡Doy fe de que se respira cojonudamente! El Museo no es enorme pero es bastante interesante ya que conserva, entre otras cosas, a “la Poderosa”, moto con el que el Che realizó su famoso viaje por América latina sirviendo de inspiración para muchos viajeros y viajeras entre las cuales me encuentro.

“La poderosa” en el Museo del Che.

Ya de camino a Mendoza, nuestra última parada en Argentina, estuvimos en la propia Córdoba y antes de tomar otro de los buses nocturnos que tanto amamos los mochileros para ahorrarnos unos pesos, pudimos dar un buen paseo por la ciudad. Córdoba es una ciudad universitaria y se nota por el ambiente estudiantil de cafés, arte y gente jóven. Visitamos el barrio Güemes, el más bohemio de la ciudad, y fuimos al Museo de arte contemporáneo Emilio Caraffa y a una obra de teatro alternativo, ¡aquí hay de todo!

Preciosa iglesia que los jesuitas dejaron en Córdoba.

Mendoza: la ciudad del vino

Llegamos a Mendoza sin mucha expectativa y no defraudó. Realmente en la ciudad situada en uno de los bordes argentinos no hay nada. Viñedos, turistas que van a visitar los viñedos y …¡musha caló!

Visto lo visto, eso hicimos, go with the flow. Tras pasar un par de días de relax (aún no habíamos despertado del todo del letargo cordobés) contratamos un tour para visitar los viñedos y bodegas situados en el pueblo de Maipú. Por 300 pesos argentinos, o 18 eurillos, nos llevaron a visitar 3 bodegas y una fábrica de aceite. Mendoza es la quinta región en producción de vino del mundo, y la verdad que el tour no defrauda. Para mi, que he pasado muchos veranos junto a la Ribera del Duero, lo que se ofrecía en la visita a las bodegas no era nada nuevo. Aún así, pasamos una buena tarde entre copa y copa de vino con la excusa de probar distintas variedades de Shiraz y Malbec, las uvas más cultivadas en la zona. Éramos de las pocas de grupo que se bebían las copas enteras y terminamos, como no podía ser de otra manera, muy contentas.

Viñedos en Maipú.

Sin duda el broche de oro de la visita a Mendoza, y motivo por el cual recomiendo la ciudad, aparte de para llenarse el buche de buen vino, es cruzar la frontera con Chile por el Paso de los Libertadores. Sí, cruzamos la frontera con Chile por la cordillera de los Andes. Un viaje de 6 horas en un minibus (lo más barato que encontramos tras preguntar como locas por toda la terminal, contratado con una empresa chilena), que resultó en uno de los paisajes más bonitos que he visto en mi vida. No teníamos batería en el iPod ni un libro a mano pero no nos hizo falta ya que estuvimos todo el viaje con los ojos como platos al contemplar tanta belleza. Teníamos el Aconcagua delante, y simplemente no nos lo podíamos creer.

Ay Chile… ¡cómo me gustaste desde el momento en el que te conocí!

Esta carretera nos dejó sin palabras.

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