Eterna viajera

Cataratas de Iguazú: una maravilla pasada por agua

Iguazú, Argentina y Brasil. 24-27 Octubre 2016. Temperatura variable, lluvia torrencial.

Iguazú en el mapa

Nuestra llegada a Iguazú fue algo accidentada. Veníamos de dos agradables días en Salto, población uruguaya frontera con argentina dónde conocimos a Luján, una mujer que nos trató como si fuésemos de su familia abriéndonos las puertas de su casa y su enorme corazón viajero. Conocerla, sin duda, una de las mejores experiencias de este viaje. En Salto también disfrutamos de un sol espléndido y de sus termas que estaban llenas a reventar ya que era domingo y recordaban a la piscina de cualquier pueblo español en verano. Nos sentimos realmente de vacaciones y relax por primera vez en el viaje.

Luján y Nany en clase de inglés.

Luján y Nany en clase de inglés.

Tras pasar nuestra primera noche (después vendrían muchas otras) en un bus nocturno “cama deluxe” argentino en el que nos trataron como reinas, y en el que incluso invitaron a Nany a fumar junto al conductor en su cabina ¡¡?? llegamos a un pueblo pequeño, selvático y bastante vacío: Puerto Iguazú. Parecía la mitad de la nada. Y lo era. Habíamos contactado, como tantas otras veces durante este viaje con una chica a través de Couchsurfing que tenía un perfil muy completo con muy buenas referencias…pero parece ser que de su anterior etapa viviendo en Buenos Aires.

Puerto Iguazú a nuestra llegada.

Puerto Iguazú a nuestra llegada.

Cuando llegamos al lugar en el que vivía y en el que pretendía alojarnos no dábamos crédito. ¡Era un chamizo que se caía a cachos! Aún así, después de recuperarnos de la primera impresión, hicimos de tripas corazón y decidimos dejar las maletas y compartir un té con nuestra anfitriona y otro amigo que vivía allí. Nuestros “host” no dejaron de sorprendernos contándonos historias sobre los animales que habitaban su hogar, entre ellos una araña peluda…!!! Aún así, incluso después de mirarnos perplejas cuando la chica nos ofreció un colchón roído del año la polca que cubrió “para proteger de la humedad” con trozos de cortina de ducha, seguimos adelante con la idea de hospedarnos allí. Sin embargo, la gota que colmó el vaso fue que, cuando la chica muy amablemente nos llevó a conocer el mirador de “las tres fronteras” (Argentina, Paraguay y Brasil) empezaron a caer chuzos de punta. Con esto, y sólo pensando en el barrizal que sería su casa, definitivamente nos quitaron las ganas de quedarnos con ella. En cuanto la chica se dió la vuelta y tuve la oportunidad le dije a Nany: “yo pensé que yo era hippie, pero no tanto, lo siento”. La verdad que es feo y difícil declinar la hospitalidad de alguien que te ofrece su techo pero la casa de esta chica, como posteriormente ella nos reconoció, no estaba en condiciones.

Típico mate argentino-uruguayo con las cataratas de fondo.

Típico mate argentino-uruguayo con las cataratas de fondo.

Tras empaparnos de arriba a abajo y trasladarnos a un hostel para estar seguras y tranquilas, tomamos la decisión de descasar tras un día de emociones fuertes y visitar al día siguiente (sólo teníamos 2 días) las Cataratas de Iguazú. Ah, se me olvidó mencionar que para eso habíamos viajado hasta ese rincón perdido en una punta de Argentina. Decidimos visitar, eso sí, el lado brasileño, no sólo para tener otro sello en el pasaporte, que también, sino porque nos dijeron que las cataratas se veían de manera más panorámica, y el recorrido era más corto, y cómo llovía como si no hubiera mañana nos pareció lo mejor. Una pena,sin embargo, no haber podido visitar también el lado argentino porque la verdad debe ser precioso pero bueno, siempre hay que dejar algo para otra ocasión.

Nany y yo, chorreando pero felices.

Nany y yo, chorreando pero felices.

Llegamos a Brasil tras pasar la correspondiente frontera en un bus que nos costó 130 AR (unos 6€). Una vez allí te montan en un mini-bus y te empiezas a adentrar en la selva, hasta que llegas al primer mirador desde dónde puedes empezar una senda de unas 2 horas de caminata por la selva que te lleva continuamente pegada a las cataratas, ¡una pasada!

¡Y que decir de las cataratas que se pueda expresar con palabras! Como diría Jesulín… ¡im-presionante! Un espectáculo de la naturaleza de principio a fin. Nos empapamos hasta arriba (sobre todo yo, que no pensando que fuese pa´tanto no me puse en chubasquero-condón que llevaba todo el mundo) pero llegar al final del recorrido y sentir el rugido de la Garganta del Diablo delante de nuestros ojos y oídos (porque hace muuucho ruido) fue realmente increíble. Una caída de agua de 80 metros con un promedio de 1,7 millones de litros de agua por segundo. ¡Una fuerza inimaginable que es para sentirla!

Sin duda, valió la pena llegar hasta allí para contemplar esta maravilla del mundo, aunque fuese pasadas por agua.

La garganta del diablo.

La Garganta del Diablo.

Este post está dedicado a Flaco y a Macarena, que son igual o más estupendos que las cataratas y nacieron, con unos añinos de diferencia, el 27 de Octubre, día en el que volábamos de Iguazú a Córdoba, nuestro siguiente destino.

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